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"La relación con la realidad es conflictiva porque estamos activamente en ella, o, mejor, formamos parte de ella, y en ella el ser humano desea respecto de los objetos y por tanto ha de modificarla, a lo que la realidad se resiste. El ser humano quiere lo que no tiene, y lo que tiene teme perderlo"
Carlos Castilla del Pino, en Teoría de los Sentimientos
Lazarus (1976), tratando de superar las definiciones de ansiedad en términos de estímulo o respuesta, predominantes hasta esa fecha, la define como una relación particular entre el individuo y el entorno que es evaluado por éste como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar. En estos términos, los procesos críticos de la relación medio-individuo son la evaluación cognitiva y el afrontamiento.
La evaluación cognitiva sería un proceso evaluativo que determina por qué y hasta qué punto una relación determinada o una serie de relaciones entre el individuo y el entorno es estresante o amenazante.
Afrontamiento sería el proceso a través del cual el individuo maneja las demandas de la relación individuo-ambiente que evalúa como estresante y las emociones que ello genera.
La definición de Lazarus es un paso más en una dirección cada vez más aceptada: considerar la ansiedad no como una variable, sino referida a un cierto número de variables que la integran, y a un tipo particular de relaciones entre ellas. La ansiedad constituiría así un campo, un conjunto de variables, algunas de ellas presentes en otros fenómenos psicológicos, dónde lo que interesa es su delimitación operativa, y la clase de relación que se produce entre sí. La ansiedad, en cualquier caso no sería identificable con ninguna de las variables, o relación particular entre ella, sino con el conjunto del sistema
Otra consecuencia de los modelos relacionales es que obliga a evolucionar desde concepciones causales mecanicistas y circulares (de retroalimentación), hacia modelos causales sistémicos, en línea con los postulados básicos de la Teoría General de Sistemas.
La ansiedad es un fenómeno humano universal, es decir, que se da en todas las personas cuyo rango, en palabras de Ayuso (1988), oscila desde una respuesta adaptativa a un trastorno incapacitante.
En la mayoría de casos no requiere tratamiento alguno, sólo cuando se hace suficientemente intensa como para constituir un problema de salud, desbordar la capacidad adaptativa del sujeto o interferir en la vida diaria debe considerarse el tratamiento.
Normalmente, la función de la ansiedad sería movilizar, activar, al individuo frente a situaciones consideradas amenazantes de forma que pueda neutralizarlas, abordarlas o asumirlas satisfactoriamente. En algunos casos, en función de la estrategia defensiva, puede actuar no como promotor de la acción sino como inhibidor, procesos ambos que requieren una elevada activación psicofisiológica.
Diversos autores (Yerkes-Dodson,1908; Nixon, 1982; Ursin, 1982) han tratado de establecer una función que exprese el paso de la activación saludable, favorecedora del rendimiento y la adaptación, a la patógena, generadora de inadecuación y enfermedades, estableciendo dicha curva a partir de covariaciones de diversas variables tales como grado de activación biológica, demanda/rendimiento biológico-conductual, capacidad de adaptación (coping), tiempo, etc. En general, se considera que el mejor rendimiento se consigue con niveles medios de activación.
Si en algo están de acuerdo la práctica totalidad de autores y escuelas psicológicas es en vincular la ansiedad al concepto de amenaza, hasta el punto de que ésta se considera su elemento crítico definitorio más significativo.
Para entender el concepto de amenaza (dos veces expresado en la concisa definición de ansiedad de Lazarus y Folkman: amenaza y peligro , lo que indica su peso específico) en términos relacionales individuo-medio hay que preguntarse qué, por qué, cómo, algo es considerado así, es decir, por qué la amenaza es tal, qué amenaza la amenaza.
A nuestro entender, para comprender en todas sus dimensiones el concepto de amenaza, es imprescindible referirse a los planes de acción del individuo, a los logros y criterios de logro, al Status Quo y a su manteniemiento. Es decir, hay que considerar la acción humana con un sentido y un significado, dirigida a un fin y guiada por intenciones.
Al introducir, deliberadamente, el concepto de intencionalidad nos ponemos, en la línea de Tolman (1959) y su teoría de la conducta propositiva; Miller, Galanter y Priban (1960) con su modelo unidad TOTE; Searle (1969) y Bruner (1975) y sus respectivas concepciones de la intencionalidad. Autores, que desde diversas perspectivas han resaltado el papel central de la intención en la acción humana. La intencionalidad no siempre es consciente, como tampoco los procesos de evaluacción, como ponen de manifiesto Beck y Clark (1997)en su modelo de la ansiedad y el pánico donde describen un modelo de procesamiento de la información basado en procesos cognitivos automáticos, por un lado, y controlados por otro. Estos planteamientos son compatibles con el modelo biológico de la ansiedad propuesto por LeDoux (1996).
Básicamente, existe intención cuando un individuo actúa de forma persistente para lograr un objetivo, eligiendo diferentes medios y procedimientos, corrigiéndolos según su evolución y resultados, hasta dar por terminada la actividad. El ciclo consta, pues, de objetivos, opción de medios, persistencia, corrección y orden de parada.
Los actos intencionales se producen por las consecuencias que prevee el actor, aún cuando, al final, se produzcan otras. La anticipación pues juega un importante papel en la solución de problemas, o en su mantenimiento, y es decisiva en la ansiedad, donde la anticipación juega, también, un papel crucial.
Es pues, necesario, en el estudio de la ansiedad, apelar a la evaluación cognitiva para la previsión, retroacción y corrección del proceso. También a la representación, como un conjunto de reglas, mediante las cuales se puede conservar aquello experimentado (aprendido) en diferentes acontecimientos: Podemos representar algunos sucesos por las acciones que requieren, mediante una imagen, mediante palabras o con otros símbolos. La representación provee de señales con valor predictivo, sobre cuya información el individuo dirige sus actos de acuerdo con los juicios anticipados que ha realizado sobre las consecuencias probables( Bandura 1986).
Sin anticipación no hay ansiedad. De ahí que la ansiedad esté intimamente ligada a mecanismos de alerta, prevención y previsión, y sea indisoluble del cálculo de riesgos.
El afrontamiento efectivo de los riesgos que pudieran amenazar la consecución de los logros pretendidos por un programa de acción o el mantenimiento de los ya alcanzados o dados (Status Quo) que desean conservarse reduce la ansiedad o la desactiva.
En la figura siguiente presentamos un esquema de interrelación de variables operativas para el estudio de la Ansiedad, cuya definición sería la siguiente:

Amenaza : Se refiere a aquellos daños o pérdidas que todavía no han aparecido pero que se preveen y evaluan como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo.
Anticipación: Se refiere a un proceso cognitivo de evaluación sobre un acontecimiento que todavía no ha ocurrido, respecto del cual, el individuo calcula posibles riesgos, cómo se producirán o no, y cómo podrían prevenirse o afrontarse.
Activación biológica: Sobre-activación y sobre-estimulación interna del organismo frente a una situación considerada amenazante.
Afrontamiento : Aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales que se desarrollan para manejar las demandas específicas internas o externas que son evaluadas como amenazantes, excedentes o desbordantes de los recursos del sujeto.
Resultados : Son las consecuencias adaptativas o no del afrontamiento, frente a la situación amenazante y que tiene repercusiones en estado-proceso afectivo, efectivo y fisiológico del organismo.
Factores como vulnerabilidad (Lazarus, 1984), autoeficacia (Bandura, 1986), susceptibilidad (Fernández Castro, 1991) y otros, pueden actuar como variables modales o disposicionales respecto de la ocurrencia y modo de relación entre las variables representadas en el modelo-esquema propuesto. Otras variables, serían de tipo situacional: predictibilidad, factores temporales, etc. (ver Lazarus, 1984). Su identificación, estudio y discusión son de gran interés para el conocimiento de la ansiedad, pero excede los límites de este trabajo.
La ansiedad, ya lo hemos dicho, no es asimilable ninguna de las variables, o relación particular entre ellas, sino con el conjunto del esquema.
El modelo que hemos presentado incluye una concepción de la ansiedad, como emoción, en línea con la idea de interrupción, es decir, aquella que entiende la emoción como consecuente a la interrupción (obstaculización o degradación en el esquema) de un programa de acción, y relativa a los reajustes que provoca.
Fernández Castro (1991) hace un pequeño repaso sobre estas teorías refiriéndose a Simon (1967) que argumentó que las emociones podrían ser representadas en simulaciones del comportamiento por ordenador por sistemas de interrupción que indicarían subrutinas de corrección si el programa principal se encuentra con dificultades. Priban (1980, 1984) que relaciona la emoción con los sistemas neurofisiológicos de parada; Kantor (1967) que definió el campo específico de la emoción diciendo que los eventos emotivos son respuestas truncadas o incompletas al objeto estímulo y que la conducta emocional consiste en ajustes que puedan facilitar o impedir otra interconducta. A pesar de tratarse de autores que representan enfoques teóricos diferentes, creemos que el concepto de interrupción puede tener una cierta virtualidad para entender la ansiedad.
El afrontamiento no efectivo intensifica la ansiedad. En la medida en que un proyecto o logro se degrada, y la activación fisiológica y psicológica alcanzan límites de trastorno,la ansiedad compromete, obstaculiza o degrada (amenazan en una palabra) la continuidad de otros planes o imbricados con ellos y en principio no problematizados, dando lugar, así, a un proceso de generalización, o reacciones en cadena, que retroalimentan la ansiedad negativamente, en tanto en cuanto el individuo ve sus recursos progresivamente más desbordados y su bienestar reducido o truncado en malestar.
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Fuente: Baeza Villarroel,J.C. Clinica de la Ansiedad, 2001
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