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Ansiedad y personalidad

Introducción

La personalidad es el patrón de pensamientos, sentimientos y conductas que presenta una persona y que persiste a lo largo de toda su vida a través de diferentes situaciones. La personalidad es estable en el tiempo y en las situaciones, esto implica que tendemos a comportarnos de forma similar en diferentes contextos y en diferentes momentos de la vida. Los rasgos son los atributos o características de la personalidad. Según las teorías psicológicas existen muchos de ellos. Además, algunos autores llaman de diferente forma a características de personalidad que son similares e incluso sinónimas. Los más conocidos son: extroversión o afecto positivo (positive emotionality or positive affect), neuroticismo o afecto negativo (negative emotionality or negative affect), psicoticismo, perfeccionismo, etc.

Una persona extrovertida busca y disfruta de la compañía de los demás, prefiere realizar actividades en grupo que de forma individual, tiene habilidades sociales, es una persona activa, con energía, entusiasta. Una persona introvertida (el polo opuesto) prefiere realizar actividades en solitario o con pocas personas , tiende a ser más inhibida, reflexiva, cautelosa, etc. Cada uno de los rasgos y sus opuestos se sitúan a lo largo de un continuum, de modo que las personas nos diferenciamos unas de otras en el grado en que presentamos más o menos cada rasgo. Las personas con niveles elevados de neuroticismo (considerado por algunos autores sinónimo de ansiedad rasgo) muestran tendencia al miedo, la tensión, la preocupación. Son personas inestables a nivel emocional, que experimentan con frecuencia sentimientos de tristeza, soledad o ira. Las personas con niveles bajos de neuroticismo tienen estabilidad emocional, son personas seguras de sí mismas, tranquilas.

Se considera que la personalidad se modela con el paso del tiempo a partir de las experiencias vividas. Sin embargo, ciertas características de personalidad aparecen ya en los primeros años de vida. La parte innata de la personalidad se llama temperamento. Podríamos decir que el temperamento sería el sustrato biológico-genético de nuestra forma de ser, el equipaje que traen los niños consigo cuando nacen.

 

 

Relación entre personalidad y psicopatología

Nuestra conducta viene determinada por la interacción entre factores biológicos, factores ambientales y nuestra personalidad. El cómo nos comportamos depende de la situación en que nos hallamos y de cómo somos. Nuestra personalidad determina, al menos en parte, cómo reaccionamos ante una situación. Veamos un ejemplo: en un bar, un desconocido se pone a hablar con nosotros. Una persona extrovertida probablemente entablará una conversación. En cambio, una persona introvertida intentará eludir las preguntas o mostrar de algún modo que no quiere seguir hablando. Obviamente, las experiencias vividas influyen en nuestro comportamiento y el aprendizaje de formas de conducta más adaptativas puede hacer que no siempre nos comportemos del mismo modo. Siguiendo con el ejemplo, una persona introvertida puede realizar esfuerzos por comportarse de forma más abierta si ha aprendido que esta actuación le reporta algún tipo de beneficio (facilitar el contacto social, mejorar su autoestima, etc.).

Además de influir en nuestro comportamiento, se considera que el temperamento y las características de personalidad influyen en la aparición de problemas psicológicos. Por ejemplo, el temperamento difícil en niños se ha visto asociado a la aparición de problemas de comportamiento (agresividad, desafío a los mayores, robos, etc.). Muchos estudios sugieren que el temperamento difícil del niño (niño irritable, con dificultades para adaptarse a los cambios, con problemas para establecer una regularidad en sus hábitos de alimentación, higiene y sueño...) podría interaccionar con la forma en que los padres lo educan (se muestran autoritarios, le gritan, hacen uso del castigo físico, son inconsistentes y poco firmes cuando aplican el castigo o incapaces de poner límites), dando como resultado un problema de comportamiento. Está claro que el temperamento difícil del niño no conduce de forma invariable a un problema de comportamiento: hace falta que se den unas circunstancias determinadas en el ambiente (que sus padres lo eduquen de forma autoritaria, por ejemplo) para que se observe este resultado.

Otros estudios señalan que el neuroticismo está muy relacionado con los trastornos emocionales. Se ha visto que un buen número de individuos que padecen una depresión tienen niveles elevados de neuroticismo, y se considera que tener este rasgo de personalidad podría predisponer a estas personas a presentar este tipo de problemas psicológicos.


Relación entre personalidad y ansiedad

La relación entre las características de personalidad y la ansiedad ha sido muy estudiada. En concreto se ha examinado la relación entre:

· Rasgos de personalidad y trastornos de ansiedad: se ha analizado la relación más o menos específica entre determinadas características de personalidad y diferentes trastornos de ansiedad, considerando que estos rasgos podrían predisponer a los individuos que los tienen en niveles elevados a padecer esos trastornos.

· Trastornos de ansiedad y Trastornos de personalidad: se ha estudiado la relación más o menos específica entre los trastornos de ansiedad y los trastornos de personalidad, considerando en algunos casos a los primeros como predisponentes de los segundos.

Rasgos de personalidad y trastornos de ansiedad

En muchos casos las personas que padecen un trastorno de ansiedad son vistas por los demás como personas muy ansiosas. Esto es diferente a la reacción más o menos adaptativa que una persona puede tener ante una situación amenazante. En el primer caso, decimos que ese individuo es ansioso, en el segundo que está ansioso.

Cabe distinguir entre ansiedad rasgo y ansiedad estado. La ansiedad rasgo es una característica de personalidad relativamente estable (a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones). El rasgo de ansiedad se refiere a la tendencia del individuo a reaccionar de forma ansiosa. Hace referencia a la disposición del individuo para percibir situaciones como peligrosas o amenazantes y a la tendencia a responder ante estas situaciones con ansiedad. Las personas más ansiosas tienen un marcado rasgo de ansiedad, por lo que tienden a percibir un gran número de situaciones como peligrosas o amenazantes, y a responder a estas situaciones amenazantes con estados de ansiedad de gran intensidad. La ansiedad estado hace referencia a un estado emocional transitorio y fluctuante en el tiempo. El nivel de un estado de ansiedad debería ser alto en circunstancias que sean percibidas por el individuo como amenazantes y bajo en situaciones no amenazantes, o en circunstancias en que aún existiendo peligro, éste no es percibido como amenazante.

Ambos conceptos están relacionados. Una persona con un nivel elevado de ansiedad rasgo presenta, por regla general, una ansiedad estado también elevada. Sin embargo, una persona con un nivel de ansiedad rasgo bajo puede mostrar de forma puntual reacciones de ansiedad de elevada intensidad ante situaciones que perciba como amenazantes (ansiedad estado). Así, por ejemplo, una persona con un nivel de ansiedad rasgo bajo puede mostrarse ansiosa ante la inminencia de un examen. En cambio, una persona con un nivel elevado de ansiedad rasgo no sólo se sentirá nerviosa en esa situación, también en muchas otras.

Según muchos autores, la ansiedad rasgo es la característica de personalidad que subyace a muchos trastornos de ansiedad. Es decir, muchas personas que padecen un trastorno de ansiedad podrían tener un nivel elevado de ansiedad rasgo. Se trata de una característica de personalidad con una importante carga genética y se considera que podría estar implicada en la mayor vulnerabilidad a padecer trastornos de ansiedad y de depresión que tienen estas personas. Para algunos autores, la manifestación más pura de un nivel elevado de ansiedad rasgo es el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).

Los trastornos de ansiedad también tienen en común otro rasgo de personalidad: la evitación del daño (harm avoidance). Algunos autores relacionan este rasgo con una característica temperamental que se observa en niños muy pequeños: la inhibición conductual. Las personas con un nivel alto de inhibición conductual o evitación del daño suelen evitar y mostrarse inhibidos ante estímulos novedosos o no familiares, suelen reaccionar con retraimiento (no se acercan al estímulo desconocido, se alejan de él). Se trata de personas cautelosas, tensas, fácilmente fatigables, tímidas, aprensivas y pesimistas. Así, por ejemplo, un niño con elevados niveles de inhibición conductual se muestra temeroso ante desconocidos y suele evitar las situaciones sociales en las que debe entablar relación con personas que no conoce (o en las que no está presente un cuidador o persona familiar). Muchos estudios han asociado este rasgo temperamental en los primeros años de vida con la presencia de Fobia Socia en la infancia, la adolescencia o la adultez. Como señalábamos en otro punto del documento, presentar este rasgo o temperamento no conduce invariablemente a padecer una fobia social. Las personas que presentan este trastorno de ansiedad pueden haber carecido de modelos de conducta asertiva (por ejemplo, sus padres también son tímidos) o no haber tenido experiencias que les enseñen a comportarse de otro modo.

La evitación del daño también se ha visto asociada al Trastorno de Pánico. Algunos estudios sugieren que las personas con ataques de pánico podrían tener unos rasgos temperamentales comunes que precederían la aparición del trastorno:

· Elevada actividad del sistema nervioso simpático, con síntomas como palpitaciones, sudor, disnea, etc. Estos síntomas se presentan de forma esporádica antes de la aparición del primer ataque de pánico;
· Miedo excesivo a padecer una enfermedad;
· Hipersensibilidad a la separación: son personas dependientes, con necesidad de protección o de proteger a los suyos, muestran una marcada unión con familiares;
· Dificultad para alejarse de lugares conocidos: les cuesta adaptarse a los cambios y novedades, no suelen establecerse muy lejos de su lugar de origen y de las personas que conocen;
· Necesidad de seguridad: necesitan que alguien les tranquilice, les asegure que no va a pasar nada de lo que temen.

Se trata de personas muy preocupadas por la salud y la enfermedad, con una importante hipervigilancia a las sensaciones corporales.

Además de la evitación del daño, otras características de personalidad podrían actuar como predisponentes específicos del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Las personas con este problema suelen ser perfeccionistas, rígidos e inflexibles. Son personas que dedican mucho tiempo a repetir tareas hasta que éstas alcanzan la perfección, tienen problemas para adaptarse a los cambios y para adoptar diferentes puntos de vista. Su estabilidad emocional depende del control, la rutina y el orden.

Algunos autores señalan que estas características de personalidad no necesariamente preceden la aparición del trastorno. La mayoría de estudios que examinan la relación entre personalidad y ansiedad son transversales (evalúan las características de personalidad y la presencia del trastorno en el mismo momento temporal) o utilizan un diseño retrospectivo (preguntan a personas que presentan el trastorno sobre cómo eran antes de la aparición del mismo). Los estudios longitudinales examinados (primero miden la personalidad y luego si aparece o no el trastorno) tampoco informan de resultados concluyentes. Por este motivo, en estos momentos se desconoce si los rasgos de personalidad preceden en el tiempo o se dan de forma simultánea a la presencia de un problema de ansiedad. Incluso algunos autores afirman que alguna de estas características o rasgos podrían verse afectados por el curso del trastorno. Por ejemplo, las personas con ataques de pánico pueden volverse más aprensivas e hipervigilantes a los síntomas físicos a consecuencia de su enfermedad.

 

Trastornos de ansiedad y trastornos de personalidad

Diversos estudios señalan que un porcentaje elevado de personas que padecen trastornos de ansiedad presentan también un trastorno de personalidad. Un trastorno de personalidad se define como un patrón estable e inflexible de comportamiento que comporta malestar o perjuicios para el sujeto y/o las personas que lo rodean. Podríamos decir que una persona presenta un trastorno de personalidad cuando presenta determinadas características de personalidad en un grado muy elevado y debido a ellas tiene graves problemas en diferentes ámbitos de su vida (familiar, social, laboral, etc.). Los trastornos de personalidad se diagnostican principalmente en adolescentes y adultos. En niños no se diagnostican estos problemas porque se considera que la personalidad todavía no está formada.

Algunos estudios sugieren que los trastornos de personalidad aparecerían con posterioridad al trastorno de ansiedad. De hecho, algunos autores consideran que los rasgos y los trastornos de personalidad se situarían en diferentes puntos de un continuo. Por ejemplo, una persona puede ser tímida e introvertida, puede tener fobia social o puede presentar un trastorno de personalidad evitativa. Este trastorno de personalidad se situaría en el extremo más grave e intenso de la introversión. En otros trabajos, en cambio, se ha descrito que los trastornos de personalidad podrían ser previos e influir negativamente en la aparición de un trastorno de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad que se han visto asociados con mayor frecuencia a un trastorno de personalidad son el Trastorno de Ansiedad Generalizada y la Fobia Social. También las personas con un Trastorno de Angustia (presencia de ataques de pánico) o con un Trastorno Obsesivo-compulsivo (TOC) pueden presentar comorbilidad con estos trastornos. En cambio, es muy poco probable que una fobia específica (tener miedo a los bichos, subir en ascensor o miedo al avión) pueda verse acompañada de un trastorno de personalidad.

Los trastornos de personalidad más frecuentemente asociados con los trastornos de ansiedad son: el trastorno de personalidad evitativa, el trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo, el trastorno de personalidad límite o borderline y el trastorno de personalidad dependiente. Veamos brevemente en qué consiste cada uno de ellos:

· Trastorno de personalidad por evitación: las personas con este trastorno presentan un nivel muy elevado de inhibición social, sentimientos de incompetencia y mucha susceptibilidad a la evaluación negativa. Estas personas suelen evitar las relaciones sociales llegando incluso a no trabajar si esto implica hacerlo en contacto con otras personas, les preocupa de forma exagerada ser criticadas o rechazadas en situaciones sociales, se sienten inferior a los demás, incompetentes, tienen mucho miedo al ridículo. Se trata de un trastorno mucho más grave y crónico que la fobia social y, por este motivo, más difícil de superar.

· Trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo: las personas con este trastorno están sumamente preocupadas por el orden, el perfeccionismo y el control. Intentan mantener la sensación de control con una atención extrema a normas, reglas, listas, horarios, etc. Por este motivo, se suelen perder en los detalles. Su perfeccionismo hace que se demoren mucho en finalizar sus tareas. Son personas rígidas y obstinadas, inflexibles. Pese a que reciben nombres similares, el trastorno obsesivo-compulsivo se diferencia de este trastorno de personalidad en que se diagnostica cuando aparecen obsesiones y compulsiones.

· Trastorno de personalidad límite o borderline: se caracteriza por un patrón general de inestabilidad en las relaciones con los demás y en su estado de ánimo. Estas personas se esfuerzan por evitar un abandono real o imaginario, sus relaciones personales suelen ser muy inestables e intensas, oscilando entre la idealización más extrema y el desprecio. Son personas muy impulsivas (en gastos, sexo, abuso de sustancias, alimentación, etc.). Suelen ser bastante habituales las amenazas e intentos de suicidio.

· Trastorno de personalidad por dependencia o dependiente: las personas con este trastorno tienen una necesidad general y excesiva de que se ocupen de uno, se muestran sumisos y con mucho miedo al rechazo y la separación. Tienen muchas dificultades para tomar decisiones cotidianas, necesitan constantemente reafirmación por parte de los otros. No quieren estar solos porque les preocupa ser incapaces de cuidar de sí mismos.

También algunos trastornos que se suelen dar con mayor frecuencia en la infancia se han visto asociados en la etapa adulta con un trastorno de personalidad. Algunos autores sugieren que el Trastorno de Ansiedad por Separación (TAS) podría ser un antecedente del Trastorno de Personalidad Límite. Se ha visto que algunos niños con TAS durante la infancia desarrollan este trastorno de personalidad en etapas posteriores de su vida.

¿Tener un trastorno de personalidad obstaculiza la buena marcha del tratamiento de un trastorno de ansiedad?

Los trabajos sobre el tema no son concluyentes. Algunos indican que el tratamiento de los trastornos de ansiedad es igual de efectivo aunque el cliente tenga un trastorno de personalidad. Otros sugieren que la terapia puede ser más lenta. Por ejemplo, algunos trabajos sobre el Trastorno de Ansiedad Generalizada señalan que los clientes que presentan asociado un trastorno de personalidad suelen abandonar el tratamiento con mayor frecuencia. Otros advierten que en los pacientes con TAG o con Fobia Social y un trastorno de personalidad es menos probable la remisión del problema.


Referencias para saber más

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Fuente: Noemí Guillamón. Clínica de la Ansiedad, 2004

 

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