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TAS: Trastorno de Ansiedad Social (Fobia Social).
TAG: Trastorno de Ansiedad Generalizada.
TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo.
TEPT: Trastorno por Estrés Post Traumático.
Los datos ofrecidos en la tabla superior se refieren a los tratamientos basados en procedimientos cognitivo-conductuales, recogidos de diversos estudios.
En los trastornos de ansiedad influyen varios factores. Sintéticamente, podemos reunirlos en tres grandes grupos: los factores predisposicionales, relativos a la vulnerabilidad, especialmente la de tipo biológico, del individuo para padecer en trastorno, ; los factores activadores, vinculados a percepción de peligro o amenaza y capaces de activar el trastorno; y los factores de mantenimiento, que contribuyen a sostener el trastorno una vez aparecido.
La ansiedad no se reduce a ninguno de estos factores aisladamente, sino a una determinada relación entre ellos, sin que necesariamente en todos los trastornos, o personas que los padecen, tengan que concurrir todos y cada uno de ellos.
Estamos hablando de factores de tipo biológicos, unos, psicológicos, otros, y sociales o contextuales unos terceros. Algunos pueden ser crónicos, en el sentido de permanentes y no modificables específicamente con los actuales conocimientos y técnicas terapéuticos; otros permanentes, pero regulables; otros circunstanciales o episódicos, modificables o no ....
Si hubiéramos de identificar la ansiedad con alguno de estos factores, y nos preguntásemos si se cura o no, si se cura o se controla, si se mejora para siempre o persiste, iríamos variando la respuesta en función de las características del factor al que hubiésemos reducido la ansiedad. Pero ya hemos señalado que la ansiedad es un sistema de factores y relaciones vinculadas de alguna manera con la activación ante algún tipo de amenaza. Raramente hay un único factor que tenga la capacidad crítica de determinar el sistema, frente a la influencia de otros. La gran mayoría de los factores, en la gran mayoría de los casos, tienen un valor condicionante, no determinante, en relación al sistema resultante, por otro lado constantemente cambiante.
Los interrogantes expresados más arriba, en esos términos formulados, pueden tener interés para los investigadores y especialistas, en función de los factores sobre los que centran sus estudios, pero planteados por los pacientes, que los viven de manera global e integrada, pueden tornarse a veces en preguntas capciosas, simplificaciones, o simplemente, expresión de los propios temores al respecto.
Para quien la padece, más allá de si la ansiedad se cura o se mejora, se activa o desactiva, se controla, es crónica, episódica o coyuntural, las cuestiones básicas, tangibles y nada especulativas son dos: por un lado, si la ansiedad genera problemas importantes de salud y, por otro, si resulta incapacitante, de modo significativo, respecto de los proyectos de la persona o el mantenimiento de su estatus quo social, laboral, de salud, etc.
A la pregunta de si la ansiedad va a producir problemas de salud e incapacitación para siempre, la respuesta es no, en la mayoría de los casos.
A la pregunta de si se ha de seguir tratamiento durante toda la vida, la respuesta es no, en la mayoría de los casos.
A la pregunta de si se puede garantizar que no se sufrirán nuevos episodios de ansiedad, la respuesta es no. Se pueden prevenir muchos de ellos, eso sí.
Entre un 16% y un 20% de las personas sufrirá lo largo de su vida un trastorno de ansiedad. En el estado de conocimientos actual, los tratamientos psicológicos y farmacológicos aplicados por equipos especializados en el tratamiento de la ansiedad permiten que un gran número de estos pacientes, ya sea que sufran uno o más episodios en su vida, puedan vivir sin problemas relevantes de salud, sin especiales limitaciones, y sin tratamiento, durante la gran mayoría de los años de su existencia.
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Fuente: J. C. Baeza Villarroel. Clinica de la Ansiedad. Noviemre de 2003.
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