Aforismos y Poemas


Poesías

COSTURA PROPIA. Luis Antonio de Villena en Antología de la Poesía Española del siglo XX 1900-1980

He ido muchas noches ataviado de tristeza,
hundiéndoseme el mundo a cada rato,
fingiendo entre los amigos que me interesa algo...
Me daba miedo quien me mirase,
y angustia me producía no ser perfecto,
tener que competir, luchar por el oficio, por la vida, el nombre...

Y pensaba: la tragedia de todos consiste en no ser Dios.
Todos quisiéramos ser un pequeño Dios omnipotente.
Y hacíamos bromas sobre la muerte, chistes sobre la soledad.

Pequeños disparates sobre el amor comprado.
(Y yo soñaba en ti, mamá, como lo único seguro).
Me daba miedo la autoridad, la ley, el mundo, el futuro.

Pensaba: Incluso si alguna vez me creí libre.
Y la noche me engañaba –como los amigos- con cierto parecido.

a bondad o indiferencia.
Y yo iba ataviado de tristeza
y hubiera querido llorar –no podía-
o simplemente hundirme lentamente.
Y me veía en una barca negra (acaso una gruta)
Navegando hacia un negro horizonte...
La tristeza me llena la cabeza de plomo,
los bolsillos de piedras,
las manos de artrosis dura
y tira de mí tanto hacía abajo
que me vuelve imagen verticalizada, estirada, de un espejo deformante.

Dame la tristeza, échamela –grita la soledad.
-Lánzame la pelota- repite el miedo.
Aquí, aquí, centra –reclama la angustia,
chútame a mí – y no sé qué agobio extraño lo sugiere
Solo sé que cuando voy ataviado de tristeza
quiero enraizarme en el sueño,
bogar en un río de calma
y susurrar junto al silencio: Dame la mano, mamá, ya he vuelto...


RECODO (II). Maria Mercè Marçal en Sol de Sal. La Nueva Poesía Catalana Antología 1976-2001

Buenos días, tristeza,
¡Vístete de satén!
¡Y píntate en la frente
las nubes y la luna
y vámonos al baile
que ya llegó la hora!

Carnaval lleva lágrimas
de color en la cara.


MUERTE EN EL OLVIDO. Angel González en Palabra sobre palabra

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos, con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...


NO INUTILMENTE. José Angel Valente en Noventa y nueve poemas

Contemplo yo a mi vez la diferencia,
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la justicia,
la candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.
Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra,
quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra, para cambiar, no inutilmente, el mundo.


TENGO ESTOS HUESOS HECHOS A LAS PENAS. Miguel Hernández, en El rayo que no cesa.

Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en tí siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.



LA CONDENA. Felipe Benitez Reyes, en El Equipaje Abierto.

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.

Aquel que halló el lugar piensa marcharse.
El que no lo halló nunca
es desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras que le cifren
halla sólo palabras.

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.



ÍTACA. Konstantino Kavafis, en Poesías Completas.

Si vas a emprender viaje hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimientos.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante tí los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Legar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañara Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.



EL PILOTO PERDIDO. Rafael Alberti, en Marinero en Tierra

¡TORRERO, que voy perdido
y está apagado tu faro!
Noroeste. Nada claro
por el cielo, ¡y te has dormido!

¡Que se ha dormido el torrero
y nadie del astillero
talar su sueño ha querido!
¡Corre, ve, viento marero,
y dile a algún marinero
que el faro no está encendido!



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